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Autor Tema: Crónica Berlín 2008  (Llegit 1168 cops)

Desconnectat Micky

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Crónica Berlín 2008
« el: 30 de Gener de 2009, 17:20:19 »
Crónica Berlín

Viernes, 26 de Septiembre

Llegada del vuelo viernes a las 13.30 procedente de Barcelona. Nada más aterrizar nos apercibimos que la temperatura es más bien apacible, un tanto fresquita pero entendemos que para un maratón es bastante ideal. Sabemos que de cara a la carrera del domingo una temperatura más bien tirando a baja en los últimos kilómetros será ideal para nuestro organismo a pesar de que en los primeros kilómetros nos pueda resultar algo incómodo.

La tarde del Viernes la dedicamos a ir a la Feria del corredor. El primer inconveniente es que la feria está a las afueras de la ciudad, muy alejado del centro y lo peor es que con muy mala combinación de medios de transporte (en transporte público se tardaría más de una hora en llegar). Eso sí, la feria muy bien montada, muy grande; se puede decir que la organización alemana hizo acto de presencia. Dimos unas vueltas por los diferentes stands en buscar de ese último milagro en forma de elixir que nos asegurara un buen resultado. Cayeron unas tiritas para la nariz para mejorar la respiración, y unos parches para los gemelos que un chinito con cara de sabio budista me enganchó pacientemente (un poco mas y me obliga a rezar a Buda).

La bolsa de regalos de la organización era peor que la de la cursa popular en Catalunya. Una esponja (nos están llamando guarros a la cara??), una tirita compeed, un cutre-sobrecito de jabón líquido Sanex, y paperassa, mucha paperassa,... La primera vez que me encuentro que la camiseta oficial de la carrera es de pago y encima un tanto mediocre. Aprovechamos para hacer alguna que otra comprita deportiva más que nada para saciar nuestras más bien escasas ansias consumistas.
Por la noche cena a base de pasta, muchos estiramientos y prontito a la cama.

Sábado, 27 de Septiembre

Primera toma de contacto importante. A las 9’00 de la mañana salimos a trotar desde el hotel hasta la puerta de Brandenburgo. El clima nos parece ideal, la temperatura fresquita pero muy buena para la práctica del este bello deporte; tengo decidida la ropa que me pondré en la carrera aunque un cambio climático brusco me podría hacer cambiar. Buen sol que ayuda a calentarnos al inicio de la carrera. Hacemos 5 kilómetros, más que suficiente.

El resto del día lo dedicamos a turismo muy relajado. Tomamos la decisión de alquilar un autocar con un chófer que nos iba explicando todo el recorrido por la ciudad cosa que creo agradecimos todos: 1. un experto nos narra la historia de los monumentos y edificios más emblemáticos, 2. la enorme extensión de la ciudad haría imposible una visita tan rápida, 3. nuestras piernas seguro que agradecieron el evitar caminatas prolongadas. Por la tarde llegamos a los apartamentos y comenzamos el típico ritual de reclusión monacal; cena muy prontito a base de pasta de primer plato, pasta de segundo, para finalizar con un postre a base de un poquito de pasta,… , mucha agua al cuerpo (hasta mear totalmente transparente!!!!!), estiramientos intensos y prolongados, y mucha calma, sobre todo mucha calma. A las 22,00 horas nos enclaustramos cada uno de nosotros en nuestros respectivos aposentos pues a las 6 de la mañana del día siguiente tocan diana.

Domingo, 28 de Septiembre, el gran día

El despertador nos echa de la cama. Empieza el protocolo: ducha ligera, vaselina en los pies y otros puntos de la anatomía, vendas para las ampollas del pie izquierdo, medilast para arriba,… y el resto de prendas que conforman mi vestimenta completa y que me hacen sentirme seguro. El metro nos deja en la zona de salida, las rutinas de calentamiento de rigor en el parque principal delante del Bundestag, la meadita de turno (que nunca falla!!!) y algún que otro resto sólido (en mi vida había visto unos lavabos más asquerosos).

Nos toca salida en el corral F (en el dorsal viene la letra) que como ya se ve está bastante alejada de los puestos de cabeza que tiene su comienzo en la letra A. Eso me inquieta algo, no tengo ganas de encontrarme con corredores con ritmo más lento que el mío y tener que estar adelantando. Decido tomar la delantera en el pequeño grupo de mis amigos corredores que nos dirigimos a la salida. La entrada a los corrales se realiza a través de un pequeño bosque colindante a la avenida en la que se da la salida. Me pierdo por ese bosque, doy vueltas de un lado para otro, reconozco que la ansiedad me puede un poco, entre otras cosas porque no me ubico del todo bien y puede que me acabe dirigiendo sin saberlo a un punto erróneo. Pero la intuición me dice que voy por buen camino. Después de 5 minutos de búsqueda aparezco en la gran avenida y,… sorpresa, aparezco justo en la línea de salida. Todavía queda un último escollo. Las típicas vallas que se colocan a ambos lados de la avenida no me dejan entrar abiertamente en el carril de salida. Pero en esos momentos soy consciente de que estoy a unos 20 metros del amigo Haile y eso me tiene que asegurar por fuerza un buen lugar en la salida, aunque solo sea por proximidad. De pronto veo una pequeña entrada a la zona de corredores, pero hay un último problema en forma de segurata teutón de dos metros que controla ese acceso y que no será nada fácil de sortear (maldita sea!!). Me doy cuenta de que tenemos que ser un poco "españoles" y colarnos; de repente entramos las 5 Fs todas juntas y en pelotón por el corral A, el segurata alemán se queda completamente alucinado (estos solo pueden ser españoles, debió de pensar). Lo hacemos tan rápido y queda tan pocos segundos para la salida, que el segurata no le da tiempo de reacción. Y por fin nos situamos bien; de repente suena el pistoletazo de salida. Objetivo conseguido: pasamos por la salida solamente 40 segundos después de darse del inicio (abro paréntesis, pido disculpas públicamente a la organización por este gesto que reconozco de un cierto incivismo; por un acto perpetrado en el país del civismo por excelencia, un país en que todos los coches respetan escrupulosamente las señales, una ciudad en la que las bicicletas conviven en perfecta simbiosis viaria en el tráfico de la ciudad gracias al estricto respecto que tienen para con ellos los conductores de vehículos a motor, cierro paréntesis).

Salgo con un ritmo fresco, tranquilo, con espacio para correr. Me siento tremendamente motivado. Empiezo con ritmos muy bajos de 4:15-4:20; me cuesta mucho frenarme ya que me siento muy bien, respiración muy, muy pausada. Estoy muy relajado sobre todo después de haber salido airoso del pequeño percance en la salida. Aún siendo consciente de que debía bajar el ritmo me sitúo en velocidades de 4:25-4:30 (iba demasiado rápido pero la sensación era de ir incluso lento; ya sé que son muy malas las sensaciones por lo subjetivo de las mismas, pero me costaba mucho frenarme). Los kilómetros van pasando; en el km.5 me bebo un buen vaso de agua, aunque se cae la mitad al suelo por el simple hecho de correr (muchos sabréis a que me refiero); en el km. 10 vuelvo a beber, paso a 43:47, sigo yendo rápido pero me veo muy descansado.

Los problemas estaban por venir; aproximadamente en el km. 19 me empieza a entrar flato que inicialmente es muy suave pero que poco a poco se agudiza. Me obliga a bajar el ritmo a 4:45. Supongo que los que lleváis mucho tiempo en esto sabréis cómo actuar en estas circunstancias, yo no tenía ni idea. Qué coño hago ahora!!,- pensaba yo. Creo que la decisión que más tarde no fue la mejor. El flato se produce en principio por una opresión del diafragma contra los pulmones; por tanto el primer efecto claro es que la pérdida de capacidad pulmonar (aclaro, de esto me enteré después), creo que en los primeros avituallamientos bebí demasiada agua (y yo me pregunto y sé que la pregunta es muy freaky, -al igual que los TRIs practican las transiciones, ¿no deberíamos los runners practicar el beber agua sin parar cuando uno corre a 4:30 por ejemplo?, ya dije que era muy freaky). Supongo una vez pasada la carrera es fácil pensar qué se hubiera hecho en aquel momento; pero a mí me supuso un problema. Decidí dejar de beber, decisión que a priori era buena para realmente mitigar el efecto del flato, pero que sería mortal de necesidad para mis músculos. Paso el medio maratón a 1:34:33, unos 3 minutos por encima del tiempo objetivo. Del 20 al 28 renuncio a la bebida que me ofrece la organización. En el 30 me empiezan a entrar calambres en los dos cuádriceps, parece clara la relación entre los calambres y la falta de agua; me paro completamente en el avituallamiento de ese kilómetro. Bebo dos vasos de agua, me tomo un gel y hago estiramientos en el cuádriceps. Mis primeros pasos al reanudar la carrera fueron un infierno; no podía ni caminar y me quedaban, nada más y nada menos que doce kilómetros que los que habéis corrido maratones sabéis que es lo peor, es todo un mundo. En algún momento se me pasó por la cabeza dejarlo, sencillamente porque no me veía corriendo tantos kilómetros. Al cabo de unos 500 metros el dolor remitió sensiblemente; pasito a pasito,-pensé. Del 30 al 35 hice mis peores kilómetros, el ritmo fue realmente bajo pero conseguí no desfondarme. A partir del 35 el ritmo pasó a ser de unos 5:30 constantes, los calambres no habían remitido y el dolor era bastante intenso pero fue a partir del 37 que entendí que podía finalizar la carrera.

Al doblar la última curva y adentrarnos en la Unter den Linden Strasse se podía ya divisar la puerta de Brandenburgo situada a unos 400 metros de la meta. Ello nos animó a todos los corredores, el Paseo estaba repleto de gente y ya sabíamos todos que nada nos detendría en nuestro ciego empeño de cruzar la línea de meta. 3:25:27 fue el tiempo final.

¿Contento?. Por supuesto que muy contento. Berlín se convirtió de la noche a la mañana en una ciudad absolutamente engalanada con la festividad de un evento de magnitud internacional y yo fui testigo en primera persona de ello Como me pasó en NY, tengo la impresión de que las palabras se quedan tremendamente cortas ante la amalgama de intensas sensaciones que se viven durante todo el recorrido. NY es más espectacular, es más jolgorio y griterío, es más música en las calles, es más cosmopolita si se me permite la expresión. Pero creo que disfruté más Berlín, ya que a pesar de los problemas físicos, estuve toda la carrera más entero lo que me permitió disfrutar mucho más cada momento
Micky.